Difícilmente se vea tan feliz y contenta a una súper estrella que cobra millones de dólares deambulando alegremente por una Villa, como sucede cada cuatro años en un Juego Olímpico. Eso tiene de especial esta reunión de atletas y deportistas que año a año intenta cazar gloria y récords, hasta toparse con esta reunión exclusiva e inolvidable. El sacrificio es un todo en la mayoría de los nuevos ciudadanos argentinos que albergará Londres 2012 durante casi un mes. Haber logrado una marca, un podio, el pasaje a los Juegos Olímpicos es todo un mérito al sacrificio de toda una vida. Pero el ser argentino siempre va por más, quiere más, porque tiene con qué.
El básquet, con la Generación Dorada de bandera, nunca para de imaginar alegrías. Se habla de proeza si se logra una medalla, porque enfrente suyo estarán Estados Unidos, España y Lituania, entre otras potencias. Pero, cada vez que Argentina habló, lo hizo con la pelota en la mano, y con Emanuel Ginóbili rompiendo la historia de partidos perdidos. La Selección siempre es candidata, candidata del pueblo, un pueblo albiceleste que ya bailó con el oro de Atenas 2004 y el bronce Pekín 2008.
Y si de danza se trata, el placer de poder ver a Luciana Aymar en acción es único. "Lucha", la dueña del planeta hockey, la abanderada celeste y blanca, se despide de los Juegos, y posiblemente también de estas Leonas a las que el oro les fue esquivo, pero por el que seguirán batallando hasta conseguirlo. Chances de medallas tienen las chicas. Fueron plata en Sydney 2000 y Bronce en Atenas 04 y Beijing 08.
Nadie está exento de soñar, de cazar un objetivo que puede sonar a imposible. La "Legión" del tenis, encabezada por Juan Martín del Potro y David Nalbandian lo sabe. Estos titanes del deporte blanco no conocen de imposibles, tampoco Walter Pérez, dueño del oro en Pekín con su bicicleta.
El sueño argentino se construye a base de sudor, de trabajo, de horas y horas de entrenamiento sin descanso. La fama es la propina de un menú que se cocina con mucho amor propio. Los Gladiadores del handball saben de eso; Gisela Dulko y Paola Suárez también. Los atletas Jennifer Dahlgreen y Braian Toledo, la yudoca Paula Pareto, con su bronce a cuestas, camina por una camino con vista de cornisa. Y les fascina saber que hay peligro pero también que dentro de ese peligro se esconde la gloria.